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Año 14 Número 375

Comunicación de malas noticias en salud

Por Bioq. Alina Stasyszyn (MP 4944)
Dirección Técnica en LACE General Paz.

 

La comunicación de malas noticias (CMN) es una tarea compleja y trascendente que realizan los profesionales de la salud. La expresión “mala noticia” se refiere a cualquier información que quiebra las expectativas del paciente sobre su futuro. Las expectativas son subjetivas y, como en salud pueden significar innumerables situaciones, se ha limitado este término a aquellas circunstancias en que la información provoca una disrupción severa en la vida de la persona. 

Reconocer las dificultades al comunicar malas noticias y el impacto que ello conlleva para pacientes, familiares y profesionales, ha impulsado el desarrollo de protocolos. Éstos son de gran utilidad, especialmente porque permiten estructurar el proceso comunicativo, generar confianza y seguridad en los profesionales y visibilizar el tema entre los equipos de salud.

El protocolo SPIKES, probablemente el más conocido, se traduce al español con el acrónimo EPICEE.

Los protocolos establecen diferentes números de fases para la CMN, enfatizando distintos aspectos de la secuencia comunicacional.

ENTORNO: el objetivo que se desprende de la fase inicial es determinar el contexto comunicativo. Implica conocer el caso, decidir dónde y quiénes participan por parte del paciente y del equipo profesional, incluso disponer del tiempo necesario. 

PERCEPCIÓN: es necesario escuchar antes de hablar y que la CMN se centre en las necesidades de cada paciente; cuán preparado está para recibir la noticia, examinar qué información tiene sobre su condición, cuán realista es su impresión y cuáles son sus expectativas, fantasías y temores. Al mismo tiempo, resulta  indispensable posibilitar un clima de confianza. 

INVITACIÓN y CONOCIMIENTO: el objetivo es compartir información con un lenguaje simple y comprensible, además de corroborar que ésta ha sido adecuadamente comprendida, ofreciendo la posibilidad de hacer preguntas y aclarar dudas. 

EMPATÍA: es clave dar espacio para contener las emociones del paciente y poder responder de manera empática a ellas, siendo éste uno de los objetivos centrales de dichos protocolos. No obstante, suele ser el más difícil para los profesionales de la salud.

RESUMIR: sintetizar los puntos centrales y establecer una alianza con el paciente, asegurándole que no está solo y que siempre habrá algo que hacer por su salud.

Desde la perspectiva del profesional de la salud se tiende a identificar la CMN como revelar un diagnóstico, informar un mal pronóstico o dar a conocer el resultado de un análisis o procedimiento. Pero, desde la perspectiva del paciente y de sus seres cercanos, existe un recorrido previo y uno posterior a tales eventos. 

La CMN no puede abordarse sacrificando la espontaneidad y experiencia del profesional. El uso de protocolos resulta insuficiente si no se acompaña de una práctica reflexiva y consciente de las necesidades del paciente y su familia, valorando y reconociendo el aporte y expertise del profesional.

A excepción de los sucesos súbitos (emergencias), el paciente vive una trayectoria en el sistema de salud, más o menos informada y participativa. Los profesionales contribuyen al conocimiento y la responsabilidad que tiene el paciente sobre su condición de salud. Sin embargo, tiende a ocurrir que la CMN se va retrasando, delegando, evitando. El proceso de CMN tampoco finaliza con la entrega de la información. El propósito es que, respetando los derechos y la dignidad del paciente, éste vaya asimilando la noticia recibida, logre lidiar con la nueva realidad que enfrenta y pueda ir tomando decisiones acordes a cada momento que va viviendo.

La CMN es una tarea para la cual los profesionales de la salud pueden y deben formarse. No obstante, esto no se limita a enseñanza-aprendizaje de un protocolo teórico determinado. Si bien los protocolos son de utilidad y relevantes, especialmente porque generan seguridad y confianza en los profesionales, éstos ofrecen orientaciones generales pero no constituyen fórmulas cuya aplicación garantice el logro del proceso comunicativo. Por el contrario, la mera protocolización de la CMN corre el riesgo de reducir el encuentro esencialmente humano, genuino, profundo y complejo, a un evento informativo pre-estructurado y rígido.

La formación de los profesionales de la salud no contempla el desarrollo de habilidades o competencias para enfrentar situaciones de CMN, por lo que la disponibilidad de protocolos es sin duda un gran aporte en lo teórico, claramente insuficiente, pero que  abre un campo de interés a investigar con los profesionales, explorando sus propias experiencias sobre cómo impactan dichas situaciones, qué herramientas requieren a fin de estar mejor preparados y qué recomendarían para una adecuada capacitación al respecto.

Referencias:

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872022000901206&lng=en&nrm=iso&tlng=en

https://es.slideshare.net/slideshow/modelo-spikes-nov-2017/82169137

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