Por Bioq. Esp. Paula Pérez (MP 5515 – ME 593).
Responsable del Departamento de Química Clínica – LACE Laboratorios.
La cistinuria es una enfermedad hereditaria caracterizada por un defecto en la reabsorción de cistina y aminoácidos di-básicos (lisina, arginina y ornitina), a nivel del borde en cepillo de la porción proximal del túbulo renal y en las células epiteliales del tracto gastrointestinal (1). Su base genética se asocia a mutaciones en dos genes que codifican para ciertas unidades de un transportador específico de esos aminoácidos. Esto tiene como resultado una disminución de la absorción de dichos aminoácidos en el intestino y a nivel renal, produciéndose un aumento de su concentración en la orina (2). Su incidencia varía según las series estudiadas con una prevalencia promedio de 1/7.000 nacimientos (3). Si bien se incrementan los niveles urinarios de varios aminoácidos, el aumento de los niveles de cistina conduce a la formación de cálculos urinarios, debido a su baja solubilidad (4); sobre todo a pH ácido (2). La litiasis urinaria de cistina es uno de los tipos de enfermedad litiásica renal más infrecuentes, con una prevalencia entre 1 y 5 % del total de las litiasis urinarias (1), y se caracteriza por ser altamente recurrente. El debut de la sintomatología litiásica puede observarse en la primera década de la vida (25-30 %), la adolescencia (25-30 %) o durante la adultez (4).
La enfermedad tiene la misma incidencia en ambos sexos, pero en los hombres la tasa de morbilidad es mayor debido precisamente a la anatomía del aparato urinario masculino que favorece una mayor probabilidad de obstrucción de la uretra. Los cálculos de cistina, además de producir bloqueos, resultan en importantes infecciones urinarias con piuria, presencia de hematuria micro o macroscópica, cólico nefrítico (con o sin expulsión de cálculo), y dolor lumbar. En casos aislados, la cistinuria puede progresar hacia una insuficiencia renal aguda o crónica siendo necesaria la diálisis. Igualmente, se ha observado que los pacientes con cistinuria, comparados con los formadores de cálculos de oxalato de calcio, tienen una probabilidad 5 veces mayor de sufrir pérdida de la función renal (3). Esto, sumado a la elevada tasa de recurrencia, hace que sea imprescindible un estricto seguimiento de los individuos con litiasis de cistina (4).
Los cálculos puros de cistina son de color amarillento, coraliformes, de brillo perlado y la radiografía de abdomen es poco sensible para detectarlos, ya que se observan solamente en el 50 % de los pacientes afectados (2). El diagnóstico de la cistinuria se basa en el hallazgo de cristales en orina, dosaje de cistina en orina (cistinuria), o bien al confirmarla presencia de cistina como componente de cálculos urinarios (4).
El procedimiento diagnóstico más sencillo es la visualización directa en el sedimento urinario de los cristales de cistina, que son más fácilmente observables en la primera orina de la mañana, ya que ésta es más ácida y está más concentrada (3). Éstos presentan forma hexagonal, birrefringencia a la luz polarizada y se diferencian de los del ácido úrico anhidro por su solubilidad en amonio (5). La presencia de cristaluria cistínica en el examen microscópico de la primera orina de la mañana se considera patognomónica de la enfermedad (1) y predice el nivel de recurrencia (4).
El diagnóstico de cistinuria puede ser confirmado con la detección de niveles elevados de cistina en orina, mediante diferentes métodos (1). El más antiguo pero que todavía tiene vigencia es el Test de Brand (Test de ciano-nitroprusiato sódico), el cual se fundamenta en que la cistina es reducida a cisteína cuando el cianuro sódico reacciona con la orina alcalinizada, para posteriormente producir un color magenta característico en presencia de nitroprusiato sódico (3-6). Una ventaja de este método es la utilización de un pequeño volumen urinario y no requiere necesariamente la recolección de muestras de orinas de 24 horas, pudiéndose realizar en cualquier muestra de orina; para este último caso, es fundamental tener en cuenta que el resultado debe informarse como mg de cistina por gr de creatinina, buscando ajustar el nivel de dilución de la orina que cambia aguda y drásticamente con el estado de hidratación del paciente (6). Otros métodos utilizados en la actualidad para la determinación de cistina en orina son la cromatografía de intercambio iónico, la cromatografía líquida de alta definición (HPLC) y la espectrometría de masas; sin embargo, resultan complejas, costosas y no siempre están disponibles en los laboratorios clínicos (1-6).
Muchos pacientes son diagnosticados de cistinuria a partir de la presencia de cistina en el estudio fisicoquímico del cálculo urinario expulsado espontáneamente o extraído mediante cirugía (1), fundamentado en que la cistina se reduce a cisteína con un agente reductor (sulfito de sodio) y en medio alcalino (solución de amonio); la cisteína resultante da una coloración roja característica en presencia del nitroprusiato de sodio (3).
La eliminación de los cálculos de cistina por litotricia es difícil debido a su extrema dureza y a su alta tasa de recidiva. Así, se aconseja una terapia no invasiva basada en una alta ingesta de líquidos, alcalinización de la orina con citrato de potasio o acetazolamida, y empleo de agentes quelantes que disminuyan la concentración de cistina libre, y formen compuestos derivados más solubles, fácilmente eliminados por la orina (2). Es fundamental el diagnóstico precoz, el seguimiento y el tratamiento de las complicaciones debido al alto riesgo de recurrencias y desarrollo de enfermedad renal crónica (5). Por lo tanto, se recomienda el estudio del sedimento urinario o la determinación de los niveles de cistinuria en todo paciente con cólico renal, independientemente de la edad y ante la ausencia de episodios anteriores, y en individuos con litiasis recurrentes, ya que suponen pruebas simples, no invasivas y económicas. (2)
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