Por Bioq. Milagros Bringas Costa (MP 5958).
Dirección Técnica en LACE Jardín.
En los últimos años, el uso de plásticos se ha incrementado de manera exponencial. Su baja capacidad de degradación origina una acumulación de éstos en el medioambiente; al verse sometidos a erosión física y química, dan lugar a fragmentos más pequeños, generando el concepto de microplástico (1). Estas pequeñas partículas se vuelven contaminantes, causando daños al ambiente y a la salud animal. Además, pueden permanecer en el agua como contaminantes activos durante 450 años, lo que implica una problemática emergente y nuevos desafíos para los ecosistemas humanos y la vida silvestre; debido a la producción, utilización, contaminación e ingestión de microplásticos. En consecuencia, es fundamental buscar soluciones inmediatas para contrarrestar el efecto negativo que producen (2,5).
Origen
La única causa de contaminación de las aguas por plásticos es la actividad humana. Las fuentes de microplásticos pueden ser:
Efectos
Los plásticos, además de un impacto ambiental, tienen efecto directo sobre los seres vivos, ya sea por ingestión o toxicidad. Estudios recientes han detectado concentraciones preocupantes de microplásticos en el agua embotellada. Esto implica una exposición directa y prolongada a las partículas plásticas, y su morfología indica que la peligrosidad aumenta con la disminución del tamaño; son propensas a acumularse en el tracto digestivo y generar alteraciones potenciales en los sistemas linfático y circulatorio (1).
Respecto a la toxicidad, la IARC (International Agency for Research on Cancer) incluye en su lista de clasificación de carcinógenos, algunos plásticos, sus componentes y derivados. Por ejemplo, aunque el PVC (policloruro de vinilo) o el PS (poliestireno) están considerados en el Grupo 3 (“no clasificable como carcinógeno para los humanos”), ciertos componentes o derivados se incluyen en otros grupos: el cloruro de vinilo en el Grupo 1 (“cancerígeno para los seres humanos”), el estireno en el Grupo 2A (“probablemente carcinógeno para los humanos”) o algunos derivados de los ftalatos en el Grupo 2B (“posiblemente carcinógeno para los humanos”).
Por otro lado, hay evidencias del efecto físico y químico directo; también se ha descrito que los plásticos pueden actuar como vehículos de especies invasoras, o incluso adsorber en su superficie otros contaminantes como: los BPCs (bifenilos policlorados), los HAPs (hidrocarburos aromáticos policíclicos) o el DDT (diclorodifeniltricloroetano), incrementando el potencial efecto contaminante cuando se degradan.
Se sabe que una variedad de productos químicos, usados en la fabricación de plásticos, son tóxicos (4). El biomonitoreo proporciona una medida integrada de la exposición de un organismo a contaminantes de múltiples fuentes. Dicho enfoque ha demostrado que las sustancias químicas con que se producen plásticos están presentes en la población humana, y los estudios que utilizan animales de laboratorio como organismos modelo indican los posibles efectos adversos para la salud de las mismas.
El biomonitoreo ha confirmado que los ftalatos y el BPA, así como otros aditivos en los plásticos y sus metabolitos, se hallan en las personas. En individuos adultos, existe evidencia de una asociación negativa entre los metabolitos de los ftalatos y la calidad del semen, y entre las altas exposiciones a ftalatos (trabajadores que producen pisos de PVC) y los niveles de testosterona libre. Además, un trabajo reciente (5) ha evidenciado una relación significativa entre los niveles de BPA en la orina y las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y las anomalías en las enzimas hepáticas (6).
El criterio tradicional para estudiar la toxicidad de las sustancias químicas únicamente se ha centrado en la exposición a sustancias químicas individuales, en relación con enfermedades o anomalías. Sin embargo, debido a la compleja naturaleza integrada del sistema endocrino, es fundamental que los estudios futuros que involucren sustancias químicas disruptivas endocrinas filtradas de los productos plásticos se centren en mezclas de sustancias químicas, a las cuales las personas están expuestas cuando usan productos domésticos comunes (1).
Métodos analíticos
Se utiliza el método gravimétrico para la detección de los microplásticos comprendidos entre 5 y 0,3 mm que:
Este método es aplicable a los plásticos más comunes, como son el polietileno, el polipropileno, el poliestireno y los polivinilcloruros. Sin embargo, dicho método no permite cuantificar, lo que sería el siguiente paso para una correcta gestión y control de sus efectos químicos y toxicológicos (8).
A partir de los últimos avances para la identificación de plásticos, encontramos distintas técnicas instrumentales como: la espectroscopía FTIR, la espectroscopía Raman, la calorimetría diferencial de barrido o la cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS), entre otras. En cualquier caso, pese a las recomendaciones, aún no hay un método estandarizado que permita la comparación directa y la valoración de resultados (7).
Conclusiones
El hallazgo y los efectos de microplásticos en el agua de consumo es una cuestión emergente y con impacto a nivel mundial.
Las acciones actuales buscan reducir el origen de los microplásticos. Sin embargo, la mayor dificultad se encuentra en la gestión de los originados por degradación de los plásticos ya presentes en el agua. En este sentido, se ha empezado a legislar, limitando el uso de plásticos de un solo uso.
Es necesario profundizar en el estudio de sus efectos potenciales, su localización en la cadena alimentaria y en el agua de consumo.
La acumulación de residuos plásticos en el medioambiente y las consecuencias asociadas a ella son evitables, en gran medida. Se podrían lograr reducciones considerables e inmediatas en la cantidad de desechos que ingresan a los entornos naturales, mediante una mejor eliminación de desechos y manejo de materiales. Aumentar la capacidad de reciclaje de los plásticos permite revertir esta tendencia; al final de su vida útil, aquellos materiales se deben considerar materias primas valiosas para una nueva producción, en lugar de residuos.
1. Thompson RC, Moore CJ, Saal FS vom, Swan SH. Plastics, the environment and human health: current consensus and future trends. Phil Trans R Soc B Biol Sci 2009;364(1526),2153-2166.
2. United Nations Environment Programme (UNEP). Marine plastic debris and microplastics – Global lessons and research to inspire action and guide policy change. 2016. Disponible en: https://www.unenvironment.org/es/node/1527.
3. Pinheiro C, Oliveira U, Vieira M. Occurrence and Impacts of Microplastics in Freshwater Fish. J Aquac Mar Biol. 2017 Jun 14;5(6).
4. European Chemicals Agency (ECHA). Note on substance identification and the potential scope of a restriction on uses of microplastics. 2018. Disponible en: https://echa.europa.eu/documents/10162/13641/note_on_substance_identification_potential_scope_en.pdf
5. Browne MA, Crump P, Niven SJ, Teuten E, Tonkin A, Galloway T, et al. Accumulation of Microplastic on Shorelines Woldwide: Sources and Sinks. Environ Sci Technol. 2011;45(21):9175-9179.
6. European Chemicals Agency. Microplastics. Disponible en: http://www.echa.europa.eu/es/hot-topics/microplastics.
7. Schymanski D, Goldbeck C, Humpf H-U, Fürst P. Analysis of microplastics in water by micro-Raman spectroscopy: Release of plastic particles from different packaging into mineral water. Water Res. 2018 Feb;129:154-62.
8. Masura J et al. Laboratory methods for the analysis of microplastics in the marine environment: recommendations for quantifying synthetic particles in Waters and sediments. NOAA Technical Memorandum. 2015; NOS-OR&R-48.
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